PANAMÁ, 2 DE JUNIO DE 2026.
En un mundo donde la inteligencia artificial y la economía digital están redefiniendo la competitividad de los países, la pregunta ya no es si debemos transformarnos, sino qué tan rápido somos capaces de hacerlo.
Panamá cuenta con ventajas únicas: una ubicación estratégica, infraestructura de conectividad, estabilidad y una creciente capacidad tecnológica. Sin embargo, convertir ese potencial en liderazgo regional requiere avanzar con mayor velocidad en áreas clave como talento digital, modernización del Estado, regulación inteligente e innovación.
En esta edición de C-Tech Member conversamos con Gabriel Silva, abogado, especialista en políticas públicas y Of Counsel en LOVILL, sobre las oportunidades y desafíos que enfrenta Panamá para consolidarse como un hub digital regional, el papel de la inteligencia artificial en el desarrollo económico y las acciones necesarias para impulsar una transformación sostenible con impacto para el país.
_________________________________________________

C-Tech Member | Gabriel Silva
Of Counsel – LOVILL
Ex Diputado Independiente de la República de Panamá (2019-2024)
CAPATEC (C): Desde tu experiencia en el sector público y tecnológico, ¿Cómo ves el avance que ha tenido Panamá en innovación y transformación digital en los últimos años?
Gabriel Silva (GS): Desde nuestros inicios, Panamá ha sido una de las naciones más conectadas del continente. Hoy no solo tenemos un hub aéreo de clase mundial, sino también un canal, una zona libre y un centro logístico que nos ponen en el mapa. Pero, aunque el comercio global seguirá moviendo contenedores, el futuro se está jugando en lo digital, y ahí no podemos llegar tarde.
La buena noticia es que también somos un cruce natural en ese terreno. Ya somos un punto de aterrizaje de cables submarinos por donde pasa buena parte del tráfico digital de la región. A eso se suman nuestra estabilidad y una sólida capacidad en energía renovable y conectividad. Son ventajas que nos ponen en el mapa global y que pocos países reúnen al mismo tiempo.
Pero en una era de competitividad feroz, me preocupa que avancemos por debajo de nuestro potencial. Un porcentaje importante de los trabajadores panameños ya usa inteligencia artificial en su día a día y, aun así, seguimos rezagados frente a nuestros pares regionales. No estamos formando, a la velocidad que exige el momento, a los ingenieros y al talento técnico que el país necesita. Hemos digitalizado algunos trámites, pero faltan muchos más, y rara vez desmontamos la burocracia que está detrás. Tenemos mucho por hacer, y para ello, hay que lograr continuidad de políticas entre gobiernos, datos que conversen entre entidades y disciplina para medir resultados. Tenemos la base, lo que debemos construir es la voluntad de continuar construyendo, pero rápido.
C: Durante tu trayectoria impulsando temas de transparencia, tecnología e inversión, ¿Qué brechas consideras que Panamá todavía debe atender para seguir creciendo?
GS: La revolución de la IA va a dejar atrás a las personas que no se adapten y, también dejará atrás a países. Panamá no se puede permitir ser uno de ellos. La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de entrar en la jugada, si la jugamos en serio. Porque las decisiones que tomemos en los próximos 5 años serán cruciales para el futuro de Panamá. No existe hoy un consenso sobre cuál es el hub digital de América Latina, y ahí está nuestra oportunidad.
La inversión en IA y tecnología busca tres cosas: certeza jurídica, talento y energía competitiva. Si logramos las tres, ganamos; si fallamos en una, se va a otro país. Hay un buen camino trazándose: la SENACYT y Georgia Tech desarrollan una Estrategia Nacional de IA con un enfoque seguro, ético y confiable. Pero el reto es mayor y requiere un cambio de chip nacional.
C: Pensando en los próximos cinco años, ¿Cómo visualizas a Panamá en temas de tecnología, IA y desarrollo digital?
GS: Tenemos que dar muchas más certezas al inversionista, sobre todo en áreas que se mueven rápido, como el Fintech y los Criptoactivos. Necesitamos más legislación para regular y prevenir, pero también para atraer. Eso significa modernizar visas y permisos de trabajo, crear zonas especiales y, sobre todo, capacitar al ciudadano. Singapur ya lo entendió: se propuso formar a 100,000 trabajadores en IA para 2029. El sueño debe ser un Estado como Estonia, donde el 99% de los trámites se hacen en línea.
Ni vacío regulatorio ni sobrerregulación. La salida es una regulación basada en riesgo, neutral en tecnología y alineada con estándares internacionales. Una buena regla da certeza y protege a la vez; bien hecha, no frena la competitividad, sino la construye.
C: ¿Cómo evalúas el marco regulatorio y las políticas públicas actuales de Panamá en áreas como tecnología, datos e inteligencia artificial, y qué oportunidades ves para fortalecer la economía naranja y la innovación digital en el país?
GS: La economía naranja es la oportunidad que Panamá sigue subestimando. Tenemos identidad cultural de sobra con música, diseño, gastronomía, y una conectividad que pocos en la región igualan. La creatividad y la tecnología ya están aquí; lo que falta son los puentes.
Primero: propiedad intelectual y financiamiento reales. El creador necesita proteger su obra y acceder a capital, no vivir de subsidios. Segundo: formación híbrida, artistas que sepan monetizar en digital y tecnólogos que entiendan de contenido. Tercero: exportar. Usemos nuestra plataforma logística y de servicios para que el talento panameño le venda al mundo, no solo al barrio. Y la IA, lejos de matar al creador pequeño, puede multiplicarlo si democratizamos el acceso. El Estado debe dejar de tratar a la cultura como gasto y empezar a tratarla como sector estratégico de exportación, con incentivos y métricas, como lo ha hecho Corea del Sur por décadas. Hacerlo bien significa empleo joven, economía diversificada y marca país. Es la innovación con rostro humano que necesitamos.
C: Desde tu experiencia trabajando entre sector público y privado, ¿Qué recomendaciones consideras clave para fortalecer el ecosistema tecnológico y de innovación del país?
GS: La tecnología puede ser el mejor aliado de la transparencia o su peor enemigo. Y Panamá todavía no decide cuál quiere ser. Veo tres brechas concretas.
Una: datos abiertos de verdad. Hoy falta mucha data pública, y la poca que se publica suele venir en un PDF imposible de procesar. Pero publicar PDFs no es transparencia. Transparencia es información útil, interoperable y a tiempo, que el ciudadano pueda revisar por su cuenta.
Dos: digitalizar todo el Estado, con cada trámite y su seguimiento disponibles en línea.
Tres: gobernanza algorítmica. En palabras simples: ponerle reglas a la inteligencia artificial que usa el Estado. Cada vez más decisiones públicas, quién recibe un subsidio o un incentivo, a quién se clasifica como riesgo, qué servicio te toca, se tomarán con ayuda de algoritmos. Bien usados, suman en transparencia y objetividad; mal usados, nos llevan a un Estado que mecaniza todo y pierde conexión con las personas. Por eso el ciudadano tiene derecho a saber cómo se tomó cada decisión y a que siempre haya un responsable detrás, no una caja negra. Y eso hay que exigirlo antes del escándalo, no después. La transparencia no es un software que se instala, es una decisión que se toma. La tecnología solo amplifica la voluntad de rendir cuentas, o su ausencia.
_____________________________________________________________
Desde CAPATEC agradecemos a Gabriel Silva por compartir una visión clara sobre el papel de la tecnología, la innovación y la inteligencia artificial como motores del desarrollo económico y la competitividad de Panamá.
C-Tech Member continuará destacando a líderes de nuestra comunidad que están impulsando conversaciones clave para el futuro tecnológico y digital del país.
Si eres parte de CAPATEC, este espacio también es para ti.